Carta del Párroco – Semana Santa: horizonte de salvación

Empiezan los días santos, los días grandes, en que nuestro Señor Jesucristo dio hermosas y admirables pruebas de amor. Debemos prepararnos para escuchar cada una de sus palabras, para leer sus signos, para contemplar despacio sus gestos, sus miradas, sus detalles. No se trata solamente de asistir, desde fuera, a los oficios, a las procesiones. Lo que vamos a contemplar son los hechos más grandes que han ocurrido en la historia de la humanidad, una historia de amor sin límites, vencedora de todo mal y todo pecado, y que resultará ser la salvación del mundo.
Vivamos la Semana Santa desde la oración y desde la solidaridad. Podemos asistir a las procesiones y cargar con sus pasos; pero asistamos a las celebraciones, que son de vida, y que son vivas. Jesús deseaba cumplir su misión de salvar al mundo y lo hace entregando la vida, entregándonos su vida.

Si Jesús se acercase a nuestro pueblo de Águilas en estos días de Semana Santa ¿qué vería? ¿No volvería a llorar otra vez, como lloró al ver Jerusalén?
Vamos a celebrar estos días la Semana Santa, la Semana Mayor, en la que conmemoramos los sucesos fundamentales de nuestra vida cristiana, con la institución de la Eucaristía y del Sacerdocio, la Muerte redentora de Jesús y su Resurrección gloriosa. ¿Refleja nuestra Semana Santa una auténtica religiosidad? ¿O lloraría Jesús sobre nuestras procesiones distraídas, sobre nuestra fe anémica y rutinaria? Y cuando vea tu corazón y el mío, ¿no verá quizás, en lugar de amor y servicio, indiferencia y egoísmo?

El domingo de Ramos salimos al encuentro de Jesús con ramos de olivos y palmas. La palma es el símbolo de victoria tras la lucha. Con palmas en la mano vio San Juan en el Apocalipsis una muchedumbre de mártires que habían lavado sus túnicas con la sangre del Cordero (Ap 7, 9-14). La palma del día de Ramos nos debe recordar el compromiso del bautismo y de la confirmación como apóstoles de Cristo. Con la palma, el laurel o la rama de olivo en nuestra mano queremos expresar que estamos dispuestos a ser testigos de Cristo hasta derramar nuestra sangre por él con el martirio; y si no, con nuestra lucha contra el ambiente descristianizado que nos rodea.

Martirio éste más meritorio aún, porque supone una lucha diaria para vivir en cristiano en nuestra vida personal, familiar y profesional. Es así como extenderemos el Reino de Cristo, Reino de justicia, de amor y de paz.

Domingo de Ramos: bendito el que viene en nombre del Señor. Jueves Santo: “tomad y comed esto es mi cuerpo”. Viernes Santo: “Todo está cumplido. Inclinando la cabeza entregó su espiritu.”
Domingo de Pascua: “No busquéis entre los muertos al que es la Vida. Ha resucitado”. Vivamos muy intensamente éstos días santos.
Misterio de amor, misterio de salvación. Gracia  a raudales. ¡Acóge a Cristo en tu corazón!

¡ Feliz Semana Santa cristiana!


Decálogo para una Semana Santa como Dios manda

1. Recuerda, como cristiano que eres, que la Semana Santa no es un periodo de vacación sino unos días especialmente dedicados a la devoción.

2. Como el hijo pródigo, vuelve a la casa del Padre. Piensa un poco de qué caminos tienes que regresar para ser mejor persona, padre, esposa, hijo, vecino, amigo.

3. Escucha, con especial atención, la Palabra de Dios en la Semana Santa.

4. Guarda silencio e, incluso, sé sobrio en estos días. Ayuna de televisión, música o ruidos.

5. Lee, además de escuchar, la Palabra de Dios en tu casa.

6. Participa en las celebraciones litúrgicas de la parroquia.
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7. Busca un espacio para la oración personal. Allá donde te encuentres una cruz, un crucificado o una imagen de la Virgen te invitará a tomar parte en la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.

8. Aquel que, tanto hizo y tanto nos dio, puso todo su ser en la cruz. ¿Eres consciente de lo qué Jesús hizo por la humanidad?

9. Reza y, si puedes, aporta tu donativo por los Santos Lugares.

10. Si participas en las procesiones recuerda que, estos desfiles, no son un espectáculo. ¿Das testimonio de tu fe en público?