Abriendo la puerta al ADVIENTO

Querido cristiano de San José de Águilas:

Vamos a abrir la puerta del Adviento. Así quedará inaugurado el Año Litúrgico.

Y esto es lo novedoso: la Palabra nos invita a poner una estrella en la noche cerrada de la humanidad, una palabra de espera en las desesperanzas; nos invita a mirar a lo alto, hasta ver caer (¡y apresurar!) la bendición de Dios, mientras otros sólo esperan de la tierra el premio a sus sudores. La verdad es que «arriba y abajo» son categorías que quizás no están bien empleadas. No sabemos dónde está el cielo ni dónde el infierno. Pero hemos convenido en hablar espacialmente del cielo como un arriba y del infierno como un abajo. Parece que Dios está en el cielo, en lo alto. Después nos lo encontramos en una cueva el día 25 de diciembre (¿podía estar el cielo más abajo y más escondido?). Como vayamos por la vida mirando a las nubes… nos quedaremos sin posibilidad de reconocer a Dios…, nos quedaremos sin ven-sen%cc%83or-jesusDios.

El camino que tenemos que recorrer es una larga caminata: entrar en nuestra casa, entrar en nuestro adentro. Como decía san Bernardo, no se trata de atravesar mares, de escalar el cielo, de traspasar las nubes, de cruzar valles o de escalar montañas. Es hacia ti mismo hacia donde debes caminar; hacer de tu corazón hogar habitable y no ser casa vacía o llena de espíritus angustiados. Debes ser tú mismo. Está dentro de ti el camino que tienes que recorrer; hacia lo más profundo tuyo; es allí donde Dios te espera y desea encontrarse contigo, hacer Navidad.

Necesitamos grandes dosis de amor en nuestra comunidad parroquial, en nuestro pueblo y… en nuestra vida. Acoger el Adviento, abrirle la puerta, es acoger el amor como el más hermoso regalo de Dios. No, no es el consumismo, el tener fácil que despilfarra. No, no es el poder, el creerse grande y poderoso rodeado de aduladores engañosos. No, no es la fama que seduce y todo lo deforma y superfializa.

Esperar a Dios es vivir en el amor. El que ama vive. ¡Ojalá escribamos muchos nombres en nuestro corazón en este tiempo de la espera de Dios! Y cuando llegue nos encuentre nombrando al otro, al hermano, acogiéndolo en el corazón: Pedro, María, Antonio, Pilar, Cristina, Manuel, Victoria, Mª José, Ramón, Miguel…. Así es Jesús que viene entre nosotros a pronunciar nuestro nombre con inmenso amor.


DECÁLOGO DEL ADVIENTO

1º.  Reconoce tu pobreza, tu vacío.

2º.  Reconoce tu debilidad, tú solo no puedes alcanzar lo que tanto deseas.corazonpuerta

3º.  No te acomodes a tu pequeñez, lucha por crecer, siempre más, estírate, transciéndete.

4º.  No te distraigas, no te entretengas, vive con el alma de puntillas.

5º.  Sé persona de grandes deseos, no te conformes con las migajas de la mesa de la esperanza.

6º.  Grita, suplica,  llama confiado, ora.

7º.  Apasiónate. Crece en el deseo, crece en el amor. El amor engendra deseo y el deseo enciende el amor.

8º.  Paciencia y perseverencia. Todo tiene su tiempo para madurar y todo se debe preparar. No seas caprichoso, ni ansioso. La espera aquilata y capacita.

9º.  No te duermas. Vigila. No dejes que tu lámpara se apague. También la fe ha de estar despierta.

10º. Atento a cualquier signo, voz o pisada. Los ojos y los oídos bien abiertos, no vaya a pasar de largo.

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