ADVIENTO: “Principio Esperanza”

El “tiempo de Adviento” es cultivar especialmente el “Principio Esperanza, a lo largo de cuatro semanas que nos conducirán a la celebración de la Navidad del Señor, el que viene a liberarnos, el que viene a compartir las miserias humanas, para transformarlas en cánticos de liberación. ¿Merece la pena esperar? ¿Es posible cultivarla? ¿No es un sueño utópico el “principio esperanza”? Es cierto que son tiempos difíciles los que nos toca vivir pero ¿fueron tiempos fáciles los que le tocó a Jesús en su nacimiento? “No nos comprenden” afirman algunos feligreses, este tiempo de Adviento, de Navidad ya se ha perdido. Acabando el verano ya están hablando de turrones, e incluso sin empezar el tiempo litúrgico de Adviento… ya se encienden las luces luminososas de nuestras calles, y muchas de ellas sin contenido, sin referencia al misterio que se celebra. Son reclamo de consumismo que consume, se secuestra la Navidad para desprestigiarla, para cosificarla, para manosearla.

Estoy cansada, decia una persona, de que nos digan que la Iglesia tiene que adaptarse, y no mirar al pasado, adaptarse a los cambios sociales, nos menosprecian, no nos escuchan. ¡Que equivocados están! Cristo no es pasado, es sobre todo hoy y también mañana. La Navidad es la apuesta decidida de Dios por el hombre. La Navidad es dar la palabra a los pobres, hacer que se sientan vivos, que tienen la dignidad del mismísimo Hijo de Dios que serán los que salven al mundo. ¡Nos salvó el que no tenía posada, ni cuna donde nacer! No podemos ser negativos. Estamos llamados a ser sembradores de esperanza, con corazón henchido de ternura y manos gastadas en el servicio generoso.

Todo cristiano, y también nosotros, cristianos de Águilas, estamos llamados a ser voluntarios de la esperanza, del principio esperanza que hay que escribirlo con mayúsculas, porque se hizo rostro de Niño pobre en la Navidad, para llamarnos a todos a hacer de la humanidad corazón acogedor: Jesús esperanza nuestra. Espera y confía. Después de 2019 años celebrando la Navidad, ¿en qué ha cambiado el mundo?. ¡Cuánto sufrimiento nos amarga y nos doblega! Dios está cerca, nos conoce, no ignora nuestros problemas. En estos días sufrimos el despido de 481 trabajadores en una empresa de nuestro pueblo. ¿Cómo esperar?¿Cómo celebrar la Navidad? Necesitamos encender la esperanza. Gritar esperanza. Comprometernos con la esperanza.Dios está cerca, nos conoce, no ignora nuestros problemas. Está siempre dispuesto a dar fuerza a los débiles y a los cansados. El Adviento nos invita a no dudar nunca de Dios. El Adviento es escuela de esperanza. Porque Dios es un Dios que siempre viene, en Cristo Jesús, y está cerca de nosotros y comparte nuestras lágrimas. En los tiempos actuales, existe vacío de Dios, poca armonía social, olvido de la Buena

Noticia de que en Cristo Jesús tenemos la verdadera alegría y la respuesta de Dios a todas nuestras preguntas. Nosotros, los cristianos, deberíamos ser los instrumentos de los que Dios se sirve hoy para infundir más armonía y paz a las personas, siendo pregoneros para los demás del gran acontecimiento que celebramos, la presencia de Dios en nuestra vida. Sólo Jesús puede transformarlo todo y a todos, Él ha bajado a lo más bajo para crear un mundo nuevo. Levantaos, alzad la cabeza se acerca vuestra liberación.

Porque ADVIENTO es:

Esperanza del que vive, camina y trabaja, del que piensa, medita, reflexiona y obra el bien.

Es esperanza del que se anima a sí mismo a luchar, confiado en Dios, y confiado en la bondad y poder de los demás.

Es humildad, reconocimiento de la propia debilidad que se hace plegaria a Dios en súplica de gracia y se torna audaz por la fuerza de la confianza en Él.

Es oportunidad para dar la mano y el corazón a aquéllos que tenemos distantes, marginados en nuestro afecto, y que acogerían con gozo voces de cercanía, solidaridad, justicia.

Es interiorización, rumia sobre nuestro obrar, muchas veces despreciativo de los demás, mientras para nosotros queremos misericordia, perdón, acogida amable.

Es mirada exigente y sincera sobre nosotros mismos, y sobre los demás, con reflejos de comprensión, ternura y paciente perseverancia.

Es preparación de un nuevo encuentro con el Dios del amor y misericordia que viene a nosotros, hecho Niño en debilidad, para enseñarnos toda la Verdad.

 

La Virgen de la CARIDAD en el Adviento

María, rica de amor, colmada de gracia y de misericordia: presentamos ante tus ojos el mundo de nuestras miserias; a ti experimentada en sufrimientos.

Hay millones de hijos tuyos, a los que nadie mira ni escucha: hambrientos de pan y de Dios, de cultura y de cariño, de salud y de vida. Y son hermanos nuestros.

Señora, no permitas que vivamos instalados y ciegos, endurecidos y satisfechos. María, pobre de Dios, ayúdanos a vivir la santa pobreza de Jesucristo.

María, madre de misericordia, enséñanos a ser misericordiosos.

María, salud de los enfermos, capacítanos para llevar a los enfermos tu medicina saludable. María, consuelo de los afligidos, que todos tus hijos sepamos consolar a los que lloran.

María, Virgen de los Dolores, que sepamos estar cerca y compartir el dolor de los hermanos. María, madre de los pobres, enséñanos a conocer la pobreza y sus causas.

María, tú que fuiste inmigrante, enséñanos a acoger, respetar y ayudar a cuantos llaman a nuestras puertas.

María, tú que fuiste rechazada en las casas de Belén, que nunca rechacemos a los marginados y a los que no tienen casa ni techo. Amén