Meditación del Año Nuevo

Acaba de pasar un año más de nuestra vida el 2019, y acaba de comenzar un año nuevo, el 2020. Reflexionemos sobre ellos en la presencia de Dios. Echemos una mirada hacia este año que acaba de terminar.

1. Mirando hacia atrás vemos, en primer lugar, una montaña de beneficios que Dios ha acumulado sobre nosotros estos últimos doce meses. Nos ha conservado la vida, el bien fundamental, y nos ha concedido un sin número de gracias. ¡Cuántos buenos ejemplos hemos presenciado! ¡Cuántos impulsos del Espíritu Santo hemos experimentado! ¡Cuantos mensajes nos ha dirigido la Palabra de Dios! Todos estos beneficios son una prueba del amor que Dios nos tiene. Y por todos ellos hemos de darle gracias: “En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.”  Y la mejor manera de hacerlo es por medio de la misma Eucaristia, en la que como su mismo nombre significa, damos gracias a Dios Padre por medio de su Hijo Jesucristo en unión del Espíritu Santo.

2. Pero al lado de tantos beneficios, vemos otra montaña formada por nuestras faltas cometidas durante estos ultimos doce meses. Tal vez hemos ofendido a Dios con nuestros pecados de pensamiento, palabra, obra y omisión. Tal vez hemos resistido a la gracia que nos pedía más esfuerzo, más conversión, más santidad de vida. En el momento del ofertorio, pongamos sobre la patena todos los beneficios para agradecerlos, y pongamos también nuestras faltas para obtener el perdón de Dios, que es rico en misericordia.

3. Después de haber echado una mirada por el espejo hacia el 2019 que termina, dirigimos nuestra mirada hacia el nuevo año 2020, es como un libro que Dios nos presenta. Tiene 365 páginas en blanco. Cada uno de nosotros hemos de escribir una página cada día. Ojalá resulte al final del año un libro espléndido, sin borrones, un libro acreedor de aquel Premio Nobel que sólo Dios concede. Procuremos vivir bien durante este año. Vivirlo bien, no es solamente evitar el mal; es también hacer positivamente cada día alguna obra buena. No se trata de hacer algio extraordinario, sino de hacer extraordinariamente bien todo aquello que debemos hacer, es decir, con la atenciñón esmerada y amorosa puesta en lo que se hace. Hoy nos hemos felicitado deseándonos un feliz año nuevo. Para que sea feliz de verdad, procuremos que sea un año santo. Y para esto, propongamonos hacer en todo la voluntad de Dios, que es la norma suprema de santidad de vida.

La vía del tren está formada por dos raíles extendidos por kilómetros y kilómetros: suben y bajan desniveles, atraviesan túneles y puentes. Pero siempre van armónicamente paralelos, nunca se separan o se entrecruzan. Sólo así el tren puede llegar felizmente a término. Tu voluntad es un rail que ha de ir paralelo al otro rail: la voluntad de Dios. Nunca te distancies de su voluntad; si no, el tren de tu vida no conseguirá llegar a la estación de término.

La Parroquia a todos, feligreses de San José y vecinos de Águilas os felicita de todo corazón hoy y os desea en verdad un feliz año lleno de logros para vuestras familias, nuestro pueblo y nuestra parroquia.

Dios mediante, después más de nueve años de éxodo pastoral, con una comunidad a la intemperie, podremos inaugurar el nuevo centro parroquial, la Casa de la Acción Católica. Dejamos atrás tantas impotencias, incomprensiones, lágrimas, fracasos, desalientos, soledades y decepciones. Muchos se han quedado a lo largo del camino al enfrentarse a tantos sacrificios y a veces, a experiencias de muros infranqueables que nos hecho experimentar la orfandad o  el abandono. Sabemos que una comunidad parroquial no se construye sólo por los locales de encuentro que dispone, sino sobre todo por el seguimiento del Señor, su compromiso con la evangelización, su apuesta por los pobres y su vida sencilla, fraterna y servicial y entregada.

A todos mi abrazo fraterno y mi cercanía que quiere hacerse servicio permanente. Feliz 2020 en la construcción del Reino de Dios en nuestro pueblo de Águilas.

Vuestro sacerdote: Manuel Amatriain Diaz

 



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