Ven, ESPIRITU SANTO, guíanos

esp-se-nuestra-guiaLos que nos consideramos, los que somos en verdad cristianos vivimos, a menudo, como los discípulos, de los que nos dice el evangelio, que estaban como “al anochecer”, “con las puertas cerradas”, “llenos de miedo”, temerosos de las autoridades. Estamos inmersos en la vieja creación, a pesar que, desde la Resurrección, ya es Domingo, el primer día de la nueva creación.
Nosotros, cristianos de Águilas, ¿hemos visto, hemos experimentado al resucitado? ¿en estos 50 días de pascua nos hemos encontrado con él?
A veces, da la sensación, de que nuestra parroquia está replegada, oculta, sin dar testimonio. Es como si no tuviéramos alegría, perdón, paz y vida que transmitir. Necesitamos que el Señor Resucitado nos transmita el soplo vivificador, creador del Espíritu que nos infunda el aliento de vida.
Quien se deja invadir por el Espíritu descubre que la fuente de su misión es el amor del Padre.  Entonces empieza a sentir “pasión misionera” y “amor”, como Jesús, ante quienes sufren el dolor, la injusticia, la ignorancia, el desprecio social, el sin sentido.
Salgamos a nuestro pueblo de Águilas, a sus calles, caminos, plazas y rincones ; salgamos a nuestras familias, empresas, centros de estudios, al mundo de la politica y del trabajo, salgamos de nosotros mismos.
Pongamos vida donde no la hay, o defendámosla donde esté amenazada. Rompamos las barreras del miedo. La misión es dura, el Espíritu Santo lo sabe, por eso Él nos capacita para ser sembradores de amor, de paz y de justicia, para ser mensajeros del Evangelio en nuestra parroquia y en nuestro pueblo. ¡No tengamos miedo!

 

ORACION

Dices que soy manantial y no vienes a beber.
Dices que soy vino de gran reserva y no te embriagas.
Dices que soy suave brisa y no abres tus ventanas.

Dices que soy luz y sigues entre tinieblas.
Dices que soy aceite perfumado y no te unges.
Dices que soy música y no te oigo cantar.

Dices que soy fuego y sigues con frío.
Dices que soy fuerza divina y no me utilizas.
Dices que soy abogado y no me dejas defenderte.

Dices que soy consolador y no me cuentas tus penas.
Dices que soy don y no me abres tus manos.
Dices que soy paz y no escuchas el son de mi flauta.

Dices que soy viento recio y sigues sin moverte.
Dices que soy defensor de los pobres y tú te apartas de ellos.
Dices que soy libertad y no me dejas que te empuje.

Dices que soy océano y no quieres sumergirte.
Dices que soy amor y no me dejas amarte.
Dices que soy testigo y no me preguntas.

Dices que soy sabiduría y no quieres aprender.
Dices que soy seductor y no te dejas seducir.
Dices que soy médico y no me llamas para curarte.

Dices que soy huésped y no quieres que entre.
Dices que soy fresca sombra y no te cobijas bajo mis alas.
Dices que soy fruto y no me pruebas.

 

Déjemos que el Espíritu Santo nos guíe, nos ilumine, nos recuerde todo lo que Jesús nos ha dicho, haga memoria entre nosotros del proyecto del Evangelio. Es verdad que el camino del seguimiento se ha hecho largo, complicado y denso, en estos últimos años, cuántas veces nos hemos sentido desasistidos, abandonados a nuestra suerte, a la intemperie, sin sentir el calor de nuestros pastores, sin un redil cálido donde comparsin-espiritu-no-iglesiatir la fe, es verdad que muchos grupos se han ido quedando por el camino, abandonándose por el desánimo, sin referencias, sin apoyos humanos o materiales. Cuántas veces exigimos nuevos caminos pastorales, nuevas estrategias parroquiales, nuevos modos espirituales.

La respuesta ya la sabemos, se llama JESÚS. Nos lo recuerda el Espiritu Santo. JESÚS es nuestro camino, JESÚS es nuestra verdad, JESÚS es nuestra vida. Buscamos nuevas iniciativas, presencias, caminos, modos, como novedad experimentadas acá o allá en el amplio campo de la iglesia… para construir una parroquia más comunidad, más familia, más profética, más hogar de acogida, más joven, más samaritana, más misionera… y todo sigue igual. Tal vez el problema no reside en importar métodos o estrategias pastorales,  está en que nos hemos olvidado de JESÚS y no hemos dejado que su ESPIRITU nos transforme, nos unifique, nos libere, nos levante… centrados en nosotros mismos, cerrados en nuestros cenáculos, replegados en nuestros miedos… o herrumbrados por nuestros egoísmos o afanes de protagonismo. El resultado NADA, VACÍO, DESORIENTACIÓN, ABANDONO, FRÍO.

Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro, rezamos en la Secuencia de Pentecostés. Ya lo estamos viendo.

OH ESPIRITU SANTO, MISIONERO. VEN, VEN, VEN, VEN….

SEÑOR y DADOR de VIDA siempre nueva.


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