¿Una Pascua confinada?

Estamos caminando por las sendas de la Pascua. El grito de nuestra fe pascual exclama, claro y alto: ¡Cristo ha resucitado! ¡Cristo vida nuestra!
Vivimos momentos duros, complicados, de desconcierto para la gente sencilla del pueblo, difíciles para los pobres y de angustia para los enfermos.
Cristo Resucitado aparecido a los discipulos cuando estaban encerrados, confinados como nosotros, les dice: ¡No tengais miedo!
Esta es la certeza que debemos tener en medio de tanto sufrimiento, de tanta ansiedad, de tanto temor: Dios está con nosotros y con nosotros entabla la lucha por la vida, por la dignidad humana, para que todos sean reconocidos, acogidos, acompañados… para que nadie se sienta herido o abandonado a su suerte, para que todos sean cuidados con afecto y con bondad. ¡Somos mucho más que una estadistica, fría, cuantificadora, informativa!
¡Somos seres humanos únicos e irrepetibles! La situación que estamos viviendo a causa del Covid-19,  nos presenta un tiempo de desafios.
Estas dificultades, impotencias, lágrimas e imposiciones, no puede ser un tiempo de angustia que nos destruya, de impotencia que nos deshumanice.
La fe en Cristo Resucitado no es sólo una convicción, es también un compromiso de luchar por la vida: vida libre, vida justa, vida digna, vida de calidad para todos, Cristo alienta nuestra vida, Cristo nos hace resucitar, Cristo es nuestra salvación, Cristo es nuestra liberación.
¿Hemos arrojado la toalla anegados por nuestra humana impotencia, ahogados en nuestros lamentos ? ¡Que no perdamos la esperanza en medio de esta tempestad! La luz de la vida no se apaga, nunca se apagará; la luz del Cirio pascual que hemos encendido, es la luz de nuestra fe, de nuestra certeza en que siempre hay amanecer.

Muchos me preguntan estos días, en nuestro pueblo: ¿cómo mantener la esperanza en este tiempo de cansancio, en este tiempo de desánimo, de miedo y tribulación? Al escuchar éstas preguntas dirijo mi mirada al sepulcro de Cristo, allí estaban las mujeres rotas de dolor, desencajados sus rostros por las lágrimas, suspirando amargura y desolación por todos los poros de su alma. Y como a ellas,  Cristo sale a nuestro encuentro, y nos llama por nuestro nombre… ellas abrazan sus pies y se sienten reconfortadas y con la misión de hacer posible el inicio de una vida nueva.
Lo que pasó aquella madrugaba fue una experiencia indecible. Se disiparon todos los miedos, se despejaron todas las dudas. Y vieron una luz que no hacía más que crecer y crecer.
No sé responderte al por qué del dolor, al por qué de la muerte, al por qué de una pandemia que haca tambalear a la humanidad, que pone al descubierto nuestras carencias, debilidades e impotencias; un virus microscópico que nos hace recordar, que la respuesta al sentido de la vida,  no está en el poder, no esta en la ciencia, no está en la economía… , no tienen respuesta. La respuesta está en Cristo Resucitado. Por eso te digo, y me digo, como aquellas mujeres, discípulas de Cristo: abracemos los pies de Jesús en este momento dificil, en esta noche del mundo.
¡Cuántas personas están abrazando estos días los pies de Jesús para no perder la esperanza, para recordarnos que la vocación del ser humano es el amor!
Desde los sanitarios que dan su vida al desvelarse y multiplicarse por los enfermos, los taxistas que gratuitamente los trasladan a los hospitales a los médicos y enfermos, tantas personas anónimas que confeccionan mascarillas, guantes, respiradores, sin pedir nada a cambio…cientos de jóvenes voluntarios que atienden a los mayores que están en soledad; voluntarios anónimos luchando por una vida más digna y mejor para todos. Estas son huellas del Resucitado, destellos de ese Cirio que ninguna muerte podrá apagar. Tantos y tantos gestos de amor servicial… tantos y tantos testimonios de solidaridad, de servicio generoso, de entrega heróica. ¡Abrázate a los pies de Jesús!

Que nuestra comunidad parroquial no abandone la oración, la súplica al que es Amor de los Amores, al que tiene la semilla de la vida en abundancia. Que en toda Águilas florezca la solidaridad, la creatividad, la sonrisa cercana, la alegría de la esperanza, el esfuerzo por encontrar nuevos caminos y nuevas posibilidades en este tiempo de adversidad.
Fuera miedos y tristezas. Celebramos el paso de Dios entre nosotros manifestado en Jesús Resucitado. Este paso lo deja todo sembrado de amor, de esperanza y de vida. Cristo Resucitado está junto a nosotros. Él es nuestra paz, es nuestra fuerza, es nuestra victoria.
¿Entiendes, por qué nos dijo : “Yo soy vuestro camino, yo soy vuestra verdad, y soy vuestra vida”?. Entiendes por qué cuando el hombre, la sociedad, se aparta de este camino, de esta verdad y de esta vida se encuentra con su nada, con su fracaso, con su impotencia, con su fragilidad.¿Lo entiendes?

Debemos dejar atrás, desapegarnos de muchas estructuras, de muchas cosas que marcaban y determinaban nuestras vidas y que  nosotros percibíamos como insustituibles, imprescindibles; porque en esta cultura dominante, como dice la palabra que nos “domina”, se nos hace pensar en una lógica que nos deshumaniza. Estábamos viviendo de una manera que a nadie le importaban las desigualdades y sufrimientos de muchas personas, no escuchábamos los lamentos y las lágrimas de la naturaleza, agredíamos al ser humano y éramos hostiles con el hábitat que nos acoge y alimenta,  y ahora, estamos viendo como el sufrimiento grita por nuestras calles, a través de las víctimas más débiles de esta pandemia como son los más vulnerables: ancianos, pobres, enfermos, sin techo, sin abrigo, sin agua… sin pastillas de jabón para lavarse las manos, mucho menos con geles hidroalcohólicos… y a veces ni con alimentos para comer. Son la actualización del “varón de dolores” son “desechos de miseria”.

La Resurrección de Jesucristo es el punto culminante de la historia y el principio fundante de una nueva vida. La Resurrección es la clave para interpretar el sentido de la vida. No existe un ritmo binario: vida-muerte, nacer para morir. La última palabra no es de muerte, sino Cristo Resucitado y nos habla al corazón. Ha llegado la hora del compromiso cristiano de Águilas; haz que la vida sea más vida, no te cruces de brazos ante tantos que sufren la pobreza, no apagues la luz de la vida, que en esta Pascua Cristo resucitado, ha encendido en tu corazón, no mires a los poderosos del mundo, buscando en ellos soluciones fáciles, dependencias sin sacrificio y vida nueva… porque no la encontrarás, porque, si así lo haces, todo seguirá igual o peor. Mírate a ti mismo. Ten la valentía y el coraje de vivir como hermano, de vivir solidariamente, de afrontar con la fuerza del Evangelio los desafíos, los conflictos, los retos de nuestro hoy… vive la mística del profeta: denuncia y anuncia y desgástate por amor a los demás… así la esperanza nunca podrá ser destruida y construyamos juntos en sociedad, como iglesia y desde la justicia y el amor otro mundo posible.

Esta es nuestra misión, para ser sembradores de vida:

— Luchar contra todo aquello que produce muerte.
Estas fuerzas son enormemente poderosas. Son las que crucificaron a Cristo y siguen crucificando al hombre: la injusticia, el abuso de poder, la falta de libertad, la violencia, la mentira, la desigualdad, todo se une para sembrar muerte. Tenemos que decir no a todo aquello que produzca la muerte.

–Situarse junto a las víctimas condenadas
No podemos estar junto a los que condenaron y condenan a Cristo. Tenemos que estar junto a las víctimas que continúan y prolongan la pasión de Cristo en nuestro hoy, tantas veces deshumanizado. Situarse junto a ellos para compartir su destino y aliviar,  y ayudar, y acompañar, y compartir… y aunar esfuerzos por su dignidad y liberación,

— Resucitar lo que va muriendo.
Debemos alentar al decaído y enderezar al que ya se dobla. Debemos consolar al que está triste. Debemos dar razones para vivir a quienes no las encuentran. Debemos detectar, para extirpar de tantos corazones, los virus de la indiferencia. No dejemos a nadie perdido, abandonado a su suerte en el camino de la impotencia. Como nos ha recordado el papa Francisco en el domingo de la Divina Misericordia: “Dios sabe que sin misericordia nos quedamos tirados en el suelo, que para caminar necesitamos que vuelvan a ponernos en pie.”

–Alentar lo que va naciendo
Lo nuestro es contagiar vida y esperanza, llenarlo todo de ilusión y de ideales, alentar todo proyecto generoso. Tenemos que creer que otro mundo es posible, estar cerca de los que luchan por una sociedad más habitada. Tenemos que urgir el compromiso renovador.

— Vivir creciendo
Todos los dones que Dios nos concede son para desarrollarlos y comunicarlos. Tenemos que crecer en todo: en la fe, en el amor, en la esperanza, en la verdad. Crecer en la vida de oración, en el testimonio cristiano. Crecer en el compromiso por hacerlo crecer todo y hacer crecer a todos.

–Testigos de la Resurrección.
Dar a entender con nuestra vida que Cristo ha resucitado, ser portadores de la energía de Cristo resucitado, amar al estilo de Cristo Resucitado, llenarlo todo de resurrección. Es cierto, posiblemente nos falta mucho para vivir así. ¿Nos daremos cuenta de lo que significa esta pandemia no sólo a nivel de salud sino tambien social, ético y moral? ¿Por qué caminos y con qué ideales volveremos a la vida de cada día?

Que nuestra Parroquia de San José de Águilas, y así lo queremos, sea una parroquia misionera, en salida, evangelizadora, samaritana, servidora, amorosa, compasiva y acogedora.
Todo lo que estamos viviendo, tantos sentimientos compartidos, tantos gestos de amor que están iluminando estos días se van a quedar grabados en nuestro corazón… sobran las palabras. Gestos de amor que Dios nunca los olvidará. Y sabemos que Dios es un buen pagador.

Dirigiros, como vuestro sacerdote, que quiere ser siempre humilde discípulo servidor, una palabra de cariño, de afecto a todos, de cercanía a toda la parroquia, a todo el pueblo de Águilas. Todos estamos unidos.
Que el amor de Dios, que no está confinado, nos guarde siempre y con su gracia nos sostenga. No nos vengamos abajo, digamos con el apóstol: “todo lo puedo en aquel que me conforta”. Y Cristo nos recuerda: “No os dejaré sólos. Estaré siempre con vosotros, todos los días de vuestra vida”.



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