Carta del párroco: La Cuaresma tiempo de CONVERSION

Querido cristiano de San José:

Con el miércoles de ceniza comenzamos el tiempo de Cuaresma, la iglesia, imponiéndonos la ceniza en la frente en señal de penitencia, nos dice “Conviértete y cree en el evangelio (Mc 1, 15). Esta frase está en sintonía con la espiritualidad que queremos vivir en este tiempo. No es el temor y el miedo a la muerte lo que nos lleva más directamente al arrepentimiento; es el ejemplo de Cristo y el amor de Dios que, por Cristo, se derrama en nuestros corazones, lo que nos anima a convertirnos en fieles y verdaderos seguidores de Jesús de Nazaret. No queremos ser cristianos hijos del temor; queremos ser cristianos hijos del Dios Amor.

Durante toda la cuaresma oiremos hablar, con mucha frecuencia, de oración, de ayuno y de limosna. Son tres prácticas especialmente apropiadas para matar en nosotros, para reducir a cenizas, el poder del demonio, del mundo y de la carne. La oración debe abrir nuestro corazón a Dios y reconciliarnos con él; el ayuno debe someter las tentaciones de nuestro cuerpo y reconciliarnos con nosotros mismos; la limosna debe abrir nuestra mirada y nuestras manos al prójimo, para vivir reconciliados con nuestros hermanos más necesitados. Tanto la oración, como el ayuno y la limosna, deben producir el mismo y único efecto buscado: nuestra propia conversión y, en lo posible, la conversión del mundo. Si no nos convertimos a Dios, vana es nuestra oración, estéril nuestro ayuno e ineficaz para nosotros nuestra limosna.

Que la cuaresma sea para nosotros un camino que nos lleve a la conversión de nuestro corazón y de nuestras costumbres.

El DNI de la Cuaresma

Hace más de veinte siglos unos hombres escogieron el poder para humillar a Jesús, la violencia para colgarle de una cruz… Hoy, 2.019 años después, la mayoría de los que nos declaramos cristianos hemos escogido la indiferencia para que Jesús no trastoque demasiado nuestras vidas…

Te invito a que en este tiempo de cuaresma a que revises tu vida como cristiano, siguiendo estos puntos de reflexión, que te ayudarán a recorrer con Jesús el camino del Calvario… Sólo así, podrás, unos días después, reconocerle en el camino de Emaús y gozar para siempre de su compañía.

Conviértete. De corazón. No te preocupes por la fachada, por el envoltorio. Jesús te conoce de sobra; no intentes engatusarle con “penitencias de todo a cien.”

Sitúate. Utiliza para tal fin “el GPS de los evangelios.” En especial, el pasaje de Lucas (4,1-13). Acude al desierto donde te esperan un montón de dudas, de tentaciones…Pero no te des a la fuga, Jesús no te dejará solo, si confías en Él, saldrás victorioso.

Ayuna. Levántate todos los días con hambre de justicia. Acude a tu trabajo con hambre de solidaridad. Relaciónate con tus hermanos con hambre de fraternidad. Acoge las pruebas y los sinsabores con hambre de fe y acuéstate al finalizar la jornada con hambre de Dios. Ya verás como acabarás dándote “un atracón” de amor, de Amor del bueno.

Reza. Cierra las puertas de la desidia, de los ruidos, de las prisas, del “cumplimiento.” Y, ahí, en lo escondido, en el interior de tu corazón ama, ora y habla a Dios de los hombres y a los hombres de Dios; pues nada sabe de oración el que no ama y nada sabe de amor el que no ora.


Recuerdo emocionado mi experiencia de desierto ante un joven terminal en un centro de BASIDA. Horas y horas en la habitación semioscura de Emilio, que se convirtieron en horas de contemplación de un Dios sufriente, corporal, amigo.
Emilio, enfermo de sida, tiene siempre la presencia amiga de alguien. Y esto, día y noche. Delicadeza al darle de comer así como al asearle. Música de fondo. Saludo cariñoso…
En torno a él se ha promovido la vida. Es referencia de unión y fraternidad. Motiva la generosidad de toda la comunidad. En Emilio Dios resplandece con su grandeza y su misericordia, con su hermosura y su infinito amor.
La soledad de este desierto fue una soledad habitada, me supo a Reino de Dios.