¿Quién era San José?

José: ¿quién era ese hombre?

La Biblia nos habla muy poco de San José. Y así tenía que ser, ya que su propósito era anunciarnos el plan de salvación que Dios tiene para todos en Jesucristo. Sin embargo, nos gustaría saber más acerca de su “biografía”, como, por ejemplo, el nombre de su madre, algunas anécdotas de su infancia, narraciones sobre su adolescencia y juventud, cómo y cuándo conoció a la Virgen y tantas cosas más. No obstante, hemos de contentarnos con lo que dicen los evangelios que, aunque dicen poco, dicen todo lo que necesitamos saber sobre el santo Patriarca y su misión en la obra de la redención.

Algunos evangelios apócrifos, es decir, no reconocidos por la Iglesia como  inspirados por Dios y, por tanto, no recogidos en el canon de los libros sagrados, nos ofrecen algunos datos más sobre la vida de José, que posiblemente se fundamentan en piadosas tradiciones de las comunidades primitivas de la Iglesia.

No sabemos el año ni el lugar de su nacimiento, algo que puede parecernos muy elemental. Probablemente nació en Nazaret, donde algunos descendientes del rey David se habían asentado huyendo de las intrigas políticas de la corte de Jerusalén e intentando pasar inadvertidos para aquellos que veían en la familia de David un peligro para sus tronos vacilantes. Así, la vida de José transcurre entre Belén, cuna de sus antepasados, y Nazaret, un pequeño poblado sin importancia de Galilea.

La fecha de su nacimiento parece más incierta; una aproximación a ella dependerá de la edad que se le atribuya en el momento de contraer matrimonio con María y en el nacimiento de Jesús, ocurrido antes de la muerte del rey Herodes, que tuvo lugar en el año 4 antes de la era común. Si San José era ya anciano en ese momento, la fecha de su nacimiento hay que atrasarla hacia el año 60 ó 70 antes de Cristo; pero si era un hombre joven, entre los 18 y los 30 años, habría que adelantarla. Parece inverosimil, como sostiene algún texto apócrifo, que José tuviuera noventa años al casarse con María.

El nombre de su padre tampoco parece claro, ya que San Mateo lo llama Jacob y San Lucas, Helí. Son interesantes las explicaciones que los Padresde la Iglesia han dado a esa dualidad de nombres. Tampoco conocemos el nombre de su madre. ¿Cómo sería la madre de San José? Acaso podemos imaginarla lejanamente parecida a María, porque la gente piensa que cuando un joven elige a una chica para casarse, la elige inconscientemente parecida a su madre. Sería una mujer virtuosa, de ésas cuya historia recoge la Sagrada Escritura: piadosa, fuerte, hacendosa, fiel, tierna, consagrada a su hogar. En todo caso, si por el fruto se conoce el árbol, podemos tener una idea, aunque sea aproximada, de los padres y de la familia de José.

Dios, que lo había escogido como esposo de la Virgen María y padre nutricio de Jesús, le enriqueció con una plenitud excepcional de dones y virtudes, justamente aquellos que necesitaría para realizar adecuadamente su misión. Los dones del Espíritu Santo brillaron en él con una singular claridad; de igual manera poseyó en un grado excepcional las virtudes teologales y morales. Dios formó el alma de José y modeló su cuerpo con alta perfección de manera que fuera compañero digno de María, la criatura más perfecta y santa después de Dios.

El nacimiento de José, como el de cualquier niño que viene al mundo, llenó de alegría el hogar de sus padres que, una vez más, veían ratificada la promesa del Señor de que de la estirpe de David, nacería el Salvador de la humanidad. Cuando a los ocho días, cumpliendo una tradición religiosa de Israel, lo llevaron a circuncidar, su padre le impuso el nombre de José, que significa “Dios añade”, nombre de antigua raigambre en el pueblo de Israel. La elección de tal nombre no fue una casualidad, pues, aunque José tuvo que renunciar a la paternidad natural, fue el único descendiente de David que sostendría en sus brazos y vería crecer a la sombra de su hogar, como hijo suyo, al Hijo de Dios hecho hombre.

Parece razonable que José no tuviera una educación intelectual, pero no parece que sea incorrecto opinar que recibiera una esmerada formación religiosa, que conociera las Sagradas Escrituras, sobre todo en aquellos puntos en que se habla del advenimiento futuro del Mesías, y encontrara mucho regocijo en las promesas que Dios había hecho a su pueblo.

De carácter introvertido, silencioso, hombre de acción más que de palabras, dado a la interiorización de los acontecimientos, esforzado cumplidor de su deber, trabajador, fiel, cumplidor de la Ley de Dios, aparece en síntesis como un hombre justo, y así lo califica el evangelio de San Mateo (Mt 1, 19).

Santo Tomás de Aquino entendió que este calificativo no se refería a los límites estrictos de la virtud de la justicia, sino al sentido de hombre bueno, santo. Leonardo Boff afirma que el término justo quiere decir “piadoso”. Piadosa (”hassid”) es la persona que vive intensamente el orden del amor de Dios, que cultiva una gran intimidad con Él y es sensible a sus designios expresados en la Ley como manifestación viva de su voluntad. El pìadoso se inserta íntegramente en la tradición espiritual del Pueblo por medio de la práctica religiosa familiar, de la participación en las fiestas sagradas y la frecuencia semanal en la Sinagoga.” (Leonardo Boff, San José, Padre de Jesús en una sociedad sin Padre.Santander, 2007 pàg. 58.)

Decir que José era un hombre justo es hacer la síntesis de su personalidad, de su caracter y de su historia. José, en efecto, era un hombre santo.

Fuente: Roberto Bolaños Aguilar. José, hijo de David.Meditaciones populares sobre San José. PS. Madrid 2010. Págs. 17-19)