La respuesta de Dios es siempre la VIDA

El mensaje de la Resurrección tendría que ir acompañado de la música más bella. Un verdadero himno de alegría, porque anunciamos la noticia más bella, la experiencia más gratificante y enriquecedora: que Cristo ha resucitado, dando a la muerte una dimensión transcendente. Por lo tanto, no sólo resucita para sí, sino también para nosotros. Quiere decir que la vida se apodera de la muerte, también de la nuestra, y la transfigura, la vivifica. La Pascua está aquí: en cada flor y en cada niño que nace, en cada servicio y en cada perdón, en cada sueño realizado y en cada proyecto de liberación, en cada gesto de misericordia y en cada entrega de amor. Y en la palabra que transforma y en el perdón que se recibe y en el pan que se parte y en la comunión que se vive y en la alegría que se contagia y en el amor que se derrama.
La resurrección de Jesucristo es una nueva creación y es la creación de algo nuevo. La Pascua es el principio de la humanidad nueva. La Resurreción es alegría, superación, utopía renovada. Es el triunfo del amor ¡A Dios no se le muere nadie!: “Nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre” (Jn 10,29). Amar es decirle al otro tú no morirás, porque te amo (G. Marcel)

La Pascua es “la muerte de la muertes”, como dice tan bellamante San Agustin. Desde la resurrección de Jesucristo no se nace para morir, se rompe así el círculo vicioso de la existencia. Al final está la vida resucitada. Por eso, hagamos fiesta, gritemos: ¡Aleluya!, porque la Gloria de Dios es la vida del hombre y vida abundante, para siempre.

La respuesta de Dios es siempre “el tercer día”. Con mucha frecuencia en nuestra v ida personal, familiar y parroquial palpamos la desilusión, nos asalta la tristeza, caemos en la melancolía pensando que la vida, el mundo está tan mal, que nada ya se puede hacer: tristeza, miedo, enfermedades,parece que han dictado sentencia definitiva en nuestra vida cotidiana.
Abramos nuestro corazón a la espiritualidad del tercer día, como decimos al rezar el Credo de nuestra fe: al tercer día resucitó de entre los muertos.
Hay un día de muerte y un día de espera. Siempre al tercer día resucitamos. La resurrección de Cristo es un sí a la vida y a todas nuestras más profundas aspiraciones. La resurrección es un sí de Dios a la vida humana. Es un no radical a la vida entendida como absurdo, como frustración y como sin sentido.
La pascua es el principio de vida nueva. En el sepulcro se queda el hombre sin ideales, el hombre sin sueños, el hombre hundido en depresiones que le esclavizan, el hombre desesperado. Ahora toca revestirse de Cristo, con un traje nuevo y luminoso.
Cada día, querido cristiano de San José, debemos dar el paso de la muerte a la vida, cada día hay que despojarse de orgullos, ambiciones y apegos, de autosuficiencia y vanidad. El que celebra la Pascua debe ser testigo de la resurrección. Este es un compromiso que no cesa, ser portadores de la energía y de la alegría de Cristo resucitado.

Sembremos en nuestro pueblo de Águilas las semillas de la vida, semillas de una sociedad nueva que respeta la vida, la dignifica, la protege y la hace fecunda y próspera para todos.
¡ Feliz Pascua del Señor!


PASCUA LA NUEVA VIDA

Queda roto el círculo vicioso de la muerte,

queda abierta la puerta a la esperanza.

No se vive para morir,

se vive y se muere para más vivir.

 

Tienen sentido la vida y la muerte.

Tienen sentido la dicha y la pena.

Todo lo humano tiene sentido.

Completa tu victoria, Cristo,

contigo se levanta el hombre nuevo,

anuncio y anticipo del futuro.

Contigo empieza el futuro, la nueva vida,

la de la paz y la armonía,

la de la amistad y la ternura,

la del Espíritu que es Amor.

En ti se anuncia el hombre solidario,

pobre, sufrido, libre, misericordioso,

límpio, artífice de la paz, bienaventurado.

Tienes Cristo, en tus manos

las llaves de la vida y de la gracia.

Abres sus torrentes a los hombres sedientos.