AMOR de Comunión

Querido cristiano-a de San José:

La verdadera vida cristiana consiste en amar. Y para amar necesitamos comulgar, comer el amor, y el amor, es Cristo. Entonces quien come el Pan de Vida, quien come el amor, que es Cristo, ¿qué otra cosa puede hacer sino amar? No se puede comulgar y ser egoísta, violento, intolerante, indiferente. El que come a Cristo, el que comulga en la Misa, tiene que ser generoso, paciente, comprensivo, comprometido, como Cristo; y valiente. Decía San Juan Crisóstomo, un santo que amaba mucho la Eucaristía: “Cuando un cristiano regresa de la Sagrada Mesa, se parece a un león que echa fuego por la boca.”

El amor de Cristo ya sabemos cómo es de grande. Todos caben en su corazón.
Es bueno pensar éstas cosas en este día del Corpus, pensarlas y dar a nuestra participación en la Eucaristía y a nuestras comuniones más importancia y seriedad. Yo os preguntó: ¿cómo comulgar y ser infiel a mi matrimonio, conviviendo con otro hombre u otra mujer? ¿No es esto pisotear el amor que tiene vocación de fidelidad? ¿Cómo comulgar y aprovecharme de mis obreros pagándoles un salario de miseria? ¿No es esto pisotear la dignidad del ser humano? ¿Cómo comulgar y tener alquilado un piso dónde se amontonan como sardinas decenas de personas? Tomamos la comunión, pero no nos comunicamos. Tomamos la comunión, estando divididos. y enfrentados por razones familiares, políticas, económicas… rivalizando unos con otros. Hemos de acogernos, una vez más, en este día del Corpus, a la misericordia del Señor. Que la Eucaristía nos “espiritualice”.

La fiesta del Corpus quiere ser un clamor que recuerde a los cristianos y al mundo: la fuente de la vida sólo se halla en Dios que se hace presente por Jesús en la Eucaristía. Escuchamos como el libro del Deuteronomio recuerda a los israelitas que sólo el agua milagrosa y el maná -Dios presente y amándolos- les hicieron posible la vida en el desierto. Era el anuncio imperfecto y lejano de la Eucaristía.

Y los cristianos de hoy necesitamos recordar esta verdad, tal vez más que nunca. Porque contagiados del materialismo idolátrico que nos rodea por todas partes, podemos llegar a creer, también, que la vida (la felicidad, la plenitud personal, la seguridad, la paz, la construcción de la propia vida y del mundo) puede fundamentarse sobre nuestra fuerza y nuestro poder, nuestra capacidad de trabajo, la ciencia, la técnica, la sabiduría política, o el poder de las armas y del dinero.

En la fiesta de Corpus, la Iglesia recuerda a sus fieles desde el siglo XIII que sólo en Jesús está la verdadera vida, sólo quien come su carne y bebe su sangre tendrá verdaderamente la vida. y que sólo desde la unidad del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, construida por la Eucaristía, llegaremos al fondo último de la fraternidad humana.