ADVIENTO, sacramento de Esperanza

Hemos iniciado, en la Iglesia y en nuestra parroquia de San José, este tiempo de Adviento 2020, un tiempo de gracia y conversión, tiempo oportuno para renovar la esperanza, tiempo de mirar confiados, con fe, el horizonte de la vida.
Todos nos dicen que este Adviento tiene que ser diferente, que la Navidad está herida por la pandemia…
Nos invitan a revisar nuestros estilos de vida, que analicemos la realidad pandémica que nos toca vivir, que palpemos el abismo de nuestra nada, nuestra debilidad humana, nuestro deterioro vital, que la humanidad se ha quedado desnuda de valores ciertos, permanentes, siempre fundamentales.
¿Qué estamos haciendo mal?  Es la pregunta que constantemente formulamos en nuestros grupos de revisión, en nuestra reflexion que mira la vida.

La respuesta: pongámonos el vestido de la esperanza. Viene el Señor Jesús, la cuna de la Esperanza, el manantial de la Esperanza, el corazón de la Esperanza. Es tiempo de Adviento, necesitamos volver a la Esperanza primera. Nuestra Esperanza es un Niño, un Niño, sólo un Niño puede salvarnos, porque este Niño es Dios, un Dios que ama al hombre, y que recorre los caminos de nuestra historia.

La respuesta: en este Adviento, volvamos al Evangelio. Vivamos el Evangelio. ¡Que nuestras vidas griten Evangelio! El Evangelio es la mejor medicina, la mejor vacuna, la mejor protección, la Fuente de toda Esperanza. ¡Vivamos la sencillez evangélica! ¡Vivamos las Bienaventuranzas de la Esperanza! El Evangelio es Gracia, es Compasión, es Sueño de un mundo transformado, de otro mundo distinto, nuevo y mejor. La Esperanza se debe fortalecer… pero la Esperanza no consiste en soluciones políticas y financieras, científicas o materiales.

El Adviento nos invita a acoger a Jesús en nuestros corazones, en nuestras vidas, en nuestra parroquia, en nuestras familias…en nuestra sociedad. La esperanza que nos trae Jesús de Nazaret, tiene una receta secreta, se puede perder todo, se puede dudar de todo, pero el adviento de la esperanza nunca lo da todo por perdido, porque es inconformista, es soñadora, es utópica, porque la esperanza siempre encuentra una luz, una verdad, un camino, una razón por la que perseverar… cuando ya no puedo más, cuando ya lo doy todo por perdido, cuando ya palpo mi nada y mi abismal vacío… percibo que el bien es más fuerte que el mal, y por eso viene Jesús el Señor, viene el Salvador. Él es más grande que nuestras miserias y limitaciones.

No puede cundir nuestro desaliento o desánimo. Nuestra parroquia debe renovar su confianza “¿quién podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús?” (Rm 8, 31 – 39)
Si prescindimos de Jesús, si lo confinamos fuera de nuestro corazón, nadie nos revitalizará, ni nos sostendrá… porque “en la Esperanza hemos sido salvados.” (Rm 8, 24)

Esta esperanza cristiana es creativa, combativa, liberadora, es humanizadora y evangelizadora, nos descubre nuestra vocación de ser para los demás, de vivir al servicio de los pobres y vulnerables, de ser como nos manda Jesús. No hay constructores del mundo que consigan orientarnos, en estos complicados laberintos insolidarios de los poderosos.

No queremos ser negativos . En este tiempo de emergencia, el Adviento es un tiempo oportuno que nos recuerda que el estilo de la vida en plenitud, es el estilo de la vida de Jesus de Nazaret, esta es nuestra espiritualidad: la del amor, la fraternidad universal. Todavia estamos a tiempo, no todo esta perdido, nunca es tarde, nos recuerda el papa Francisco en la Fratelli Tutii: bondad, solidaridad, caridad, gratuidad, este es el camino para transformar la realidad.

El Señor está con nosotros pero le tenemos que descubrir y ayudar a que tantos hermanos nuestros lo descubran: seamos sacramento de la esperanza, con las manos gastadas en el servicio y el corazón lleno de nombres, seamos voluntarios de la esperanza, sembradores de la esperanza, es decir, discípulos de Cristo. Esta esperanza la queremos escribir con mayúsculas… porque nace en Navidad: Jesús nuestra Esperanza.

Que ningún virus nos paralice. Dios todo lo hace nuevo en un Niño, su nombre: Jesús nacido en la pobreza y fragilidad de nuestra humana carne.


PROGRAMA ADVIENTO de Florentino Ulibarri

Salir con los ojos bien abiertos,
ligero de peso y erguido, libre y dispuesto.
Andar por las calles sin miedo,
otear el horizonte serenamente,
saludar y tocar a la gente.
Escuchar el rumor de la vida,
dejarse empapar por ella
y regalar cántaros de esperanza todos los días.

No dormirse en los laureles,
vigilar todo lo que acontece
y esperar día y noche al que viene.
Volver con los pies polvorientos,
el corazón enternecido y preñadas las entrañas.
Entrar alegre en su casa,
dejarse lavar y curar las llagas
y sentarse a comer en compañía.
Contar lo que me ha sucedido,
escuchar a todos como amigo
y cantar con voz humana sus alabanzas.
Permanecer largo tiempo en silencio
contemplando el misterio
y cuidando la vida que está floreciendo.


Un libro para el Adviento: “Espirirtualidad para un mundo en emergencia” de Emma Martínez Ocaña. Colecciñon ESPIRITUALIDAD. Narcea

Vivimos un tiempo de emergencia entendida como peligro y también como oportunidad para contemplar lo nuevo que está brotando, aunque no siempre sea fácil percibirlo. Necesitamos buscar caminos de sabiduría, lucidez y co raje para caminar hacia la vida, la humanización, la globalización de la solidaridad y la justicia.

A lo largo de este camino nos acompaña Jesús de Nazaret, guía que indica valores, senderos para caminar hacia una mayor justicia y fraternidad, testigo de fidelidad y coherencia hasta dar la vida, creyente fiel, horizonte de esperanza de que el amor es más fuerte que la muerte.

Como hoy no sirven las palabras sino las vidas que intentan ser coherentes ante las incoherenc

ias que van unidas a nuestra debilidad, este libro nos ayuda a ser testigos del misterio del amor que hemos descubierto en lo profundo de nuestro ser.