La familia, escuela de los mejores valores

¡Qué gran importancia debemos dar a la familia! ¡Quien vive en familia, formando un hogar, tiene un gran y valioso tesoro!

El Hijo de Dios nació en una familia, vivió en una familia humana, santificó con su presencia toda la realidad familiar, podía haber bajado del cielo sin necesidad de una madre. No podía ser de otra manera, porque lo más parecido a Dios en la tierra es la familia, porque Dios en el cielo es familia trinitaria, relación de amor en las tres personasPastoral+familiar: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Por eso Jesucristo, al nacer en una familia, quiso elevar y santificar todos los sentimientos y toda la urdimbre de la vida familiar, para que no se convirtiera en algo vulgar, en corriente moneda de cambio o en simple necesidad natural, sino en algo gratificante, en fuente de bendición y de alegría, en sacramento de gracia, en lugar privilegiado de la presencia de Dios.

De mil maneras, en cientos de discursos y escritos, la Iglesia nos recuerda que la familia es “Santuario de Dios”, germen de santidad para los padres y los hijos, que desde el amor, bendecido por Dios, forman un hogar.

Hagamos de nuestras familias de Águilas, familias cristianas, donde reinen el respeto y la comprensión, la verdadera comunicación. Tantas esquizofrenias que padecemos, tantas ansiedades, la pobre presencia de valores humanos y cristianos en nuestros jóvenes, son síntoma de que nuestras familias están enfermas. La familia es y debe ser la escuela de los mejores valores, donde se crece en el amor y se enseña a amar.

 

La FAMILIA futuro de la humanidad

La institución familiar es la realidad más hermosa, más importante y más influyente de la humanidad. Es el primer “patrimonio de la humanidad”. Por eso “reconocer y ayudar a la familia es uno de los mayores servicios que se puedan prestar hoy al bien común y al verdadero desarrollo del hombre y de las sociedades. El futuro de la humanidad pasa a través de la familia.” (Benedicto XVI).
Lamentablemente la familia se ve hoy sacudida por graves conflictos que dificultan la comprensión de su identidad y de su vocación. La familia es el triunfo del amor. Este amor, por muy humano que sea, tiene su origen en Dios. En ese Dios que se define como amor y que nos hizo a su imagen y semejanza. Donde quiera haya un amor verdadero hay un retrato de Dios. El amor de los esposos tiene su origen en Dios Creador, que hizo al hombre y a la mujer, y puso en ellos una fuerza de atracción amorosa, y los bendijo para que fueran felices “en el gozo de la mutua entrega”.
–  El amor identifica a la persona. Uno no sabe quién es hasta que no se siente amado y capacitado para amar.valora_usp

El amor nos gratifica. No son las cosas, sino las personas las que nos hacen felices.
–  El amor nos purifica. Es un fuego que quema toda la paja y el barro de nuestro corazón.
–  El amor nos plenifica, nos hace crecer y trascender, es fuerza liberadora y creativa. Es lo que hace que el hombre sea siempre “más”. Sólo se llega a la cumbre si el corazón llega primero.
–  El amor nos unifica, porque permite la comunicación y la comunión. “Yo soy tú.”
–  El amor nos santifica, porque a la vez que nos vacía de nuestro egoísmo nos llena de Dios. Nos diviniza. El amor en la familia es sacramental.