
Primeros vestigios cristianos y evolución de la Parroquia de San José de Águilas
Hablar de los orígenes del cristianismo en Águilas exige hacerlo con prudencia. La tradición local ha defendido desde hace tiempo una presencia cristiana muy antigua en nuestra costa, vinculada al tráfico marítimo del Mediterráneo romano. Esa idea no es descabellada: Águilas fue un enclave costero relacionado con rutas comerciales y con el movimiento de marinos, navegantes y comerciantes que conectaban el sureste peninsular con otros puertos del Mare Nostrum. Sin embargo, desde un punto de vista histórico, conviene distinguir entre lo que puede afirmarse con seguridad documental y lo que debe presentarse como hipótesis verosímil.
Uno de los argumentos más repetidos al hablar de esos primeros vestigios cristianos es la aparición de una pieza arqueológica con un ancla de forma cruciforme, interpretada como símbolo cristiano. El ancla, en efecto, fue utilizada en los primeros siglos del cristianismo como signo de la esperanza. Este hallazgo permite pensar que por el antiguo poblado romano de Akilae pudieron pasar, e incluso asentarse, personas que profesaban la fe cristiana. Ahora bien, lo más riguroso es presentarlo como un indicio arqueológico sugerente, no como una prueba definitiva e incontestable de una comunidad cristiana plenamente organizada en el siglo III.
Si existió una primera comunidad cristiana en el enclave romano de Águilas, lo más probable es que no contara con un templo propio, sino que se reuniera en una casa privada, tal y como sucedía en muchas comunidades cristianas primitivas. Esa posibilidad encaja mejor con el contexto histórico de la época que imaginar un edificio de culto estable en un asentamiento costero todavía reducido. Por eso, lo más sensato es afirmar que el cristianismo pudo llegar pronto a esta costa, pero que la forma concreta de esa presencia inicial no puede reconstruirse hoy con total certeza.
Lo que sí sabemos es que el sureste hispano ya estaba integrado en la vida cristiana de los primeros siglos. El llamado Concilio de Elvira, fechado habitualmente entre comienzos del siglo IV y los años 300-306, recoge entre sus asistentes a representantes de sedes cercanas al ámbito del sureste peninsular, como Suceso, obispo de Eliocroca (Lorca), y referencias relacionadas con Urci, aunque no debe confundirse esa sede con Águilas ni presentarse como si ambas fueran una misma realidad eclesiástica. Por tanto, es mejor evitar afirmaciones tajantes sobre una supuesta representación directa de Águilas en aquel concilio.
También conviene corregir algunos pasajes de la historia tardoantigua y medieval. No es correcto atribuir a Alarico una caída de Cartagena en el año 425, porque Alarico murió en el 410. Las referencias históricas sitúan hacia el año 425 un episodio destructivo sobre Cartagena atribuido a los vándalos. Del mismo modo, las menciones árabes a Águilas deben ordenarse mejor: Al-Bakri recoge el topónimo Aqila en el siglo XI y Al-Idrisi menciona en el siglo XII el Hisn Aqila, es decir, una fortaleza o castillo vinculado al puerto de Lorca. Esa cronología es importante porque ayuda a separar los datos comprobables de las confusiones acumuladas con el paso del tiempo.
Durante siglos, el territorio de Águilas vivió largos periodos de escasa población estable, pese a su valor estratégico en la costa. Ya en la Edad Moderna, la defensa del litoral impulsó la construcción de torres y baluartes, como la torre de Cope y la torre de las Águilas, esta última levantada sobre restos anteriores y vinculada más tarde al futuro castillo de San Juan. Aquella realidad defensiva y portuaria preparó el terreno para el renacer de la Águilas moderna, que irá tomando forma de manera más clara a finales del siglo XVIII con el impulso de la repoblación, el desarrollo urbano y la articulación religiosa del nuevo núcleo de población.
En ese contexto aparece el primer antecedente claro de la actual vida parroquial. Antes de la construcción del templo definitivo, el culto se desarrolló en una iglesia-almacén, habilitada provisionalmente para atender a la población. La tradición histórica local sitúa además una antigua ermita y almacén levantados por José de Balaguer en 1728, en la zona de la actual calle Murillo, como uno de los primeros focos religiosos del lugar. Más adelante, en 1790, quedó habilitado un almacén como iglesia provisional bajo la advocación de la Purísima Concepción y San Indalecio, comenzando así una etapa que se prolongaría durante décadas mientras el pueblo esperaba un templo digno y estable.
El proyecto de una iglesia parroquial para la nueva población no fue improvisado. A finales del siglo XVIII se manejaron planos relacionados con el entorno ilustrado de la época y con la organización urbana impulsada desde la administración borbónica. La historiografía regional vincula ese primer proyecto con el arquitecto Juan de Villanueva, aunque el desarrollo efectivo de la obra pasó por diferentes etapas, revisiones y retrasos. Más tarde, ya entrado el siglo XIX, el ingeniero Juan Cayetano Morata intervino en el diseño y adaptación del proyecto al solar finalmente escogido en la actual Plaza de España. Las dificultades económicas, la Guerra de la Independencia y la inestabilidad general del país fueron aplazando unas obras que los vecinos reclamaban como una necesidad urgente.
Durante muchos años, la comunidad cristiana de Águilas tuvo que seguir celebrando el culto en condiciones muy precarias. La documentación de la época refleja que aquel almacén habilitado como iglesia resultaba insuficiente, húmedo y poco digno para una población en crecimiento. Hubo escritos dirigidos a la Corona y a las autoridades competentes solicitando ayudas, arbitrios y recursos para proseguir una obra que se consideraba imprescindible. La perseverancia del vecindario, de sus párrocos y de personas influyentes de la localidad fue clave para que el proyecto no se perdiera definitivamente. Entre los nombres que la tradición histórica recuerda con especial relieve figuran Antonio de Robles Vives, como benefactor de la población, y miembros de la familia Romero Morales, muy vinculados al sostenimiento material y religioso de la nueva iglesia.
Finalmente, tras décadas de esfuerzos, el nuevo templo parroquial quedó concluido en 1853. La Iglesia de San José se convirtió desde entonces en el gran referente religioso, urbano y simbólico de Águilas. Se trata de un templo de estilo neoclásico, sobrio en su exterior y de elegante equilibrio interior, con planta basilical de tres naves, coro alto a los pies y una cúpula sobre el crucero que marca la verticalidad del conjunto. Su ubicación en la actual Plaza de España reforzó todavía más su papel como centro espiritual y cívico del municipio.

Con el paso del tiempo, la parroquia fue consolidando también la devoción a la Virgen de los Dolores, hoy inseparable de la identidad religiosa de Águilas. La imagen que se venera en el templo está atribuida a Roque López, discípulo de Salzillo, y la devoción mariana acabó ocupando un lugar central en la vida espiritual del pueblo. La diócesis recuerda que la Virgen de los Dolores es patrona de Águilas desde 1855 y que fue coronada canónicamente el 2 de octubre de 2000, reforzando así una devoción muy arraigada en la historia local.
La importancia de la Parroquia de San José no es solo religiosa. También es un bien patrimonial de primer orden dentro del municipio. La iglesia aparece recogida en el catálogo municipal de elementos protegidos con grado 1 de protección, lo que confirma su relevancia histórica, artística y urbana dentro del conjunto de Águilas. Su conservación forma parte de la memoria colectiva de la ciudad, del mismo modo que otros grandes hitos patrimoniales del municipio ayudan a entender la continuidad histórica de este enclave costero desde la Antigüedad hasta nuestros días.
Además, la historia local sigue viva y abierta a nuevas aportaciones. En los últimos años, Águilas ha continuado reforzando el conocimiento de su pasado gracias a campañas arqueológicas y a una mayor sensibilidad hacia su patrimonio. Un ejemplo de ello es la VI campaña de excavaciones en Isla del Fraile, desarrollada en 2025, que volvió a poner el foco en la riqueza histórica del municipio y en el interés por seguir investigando sus diferentes etapas de ocupación. Aunque estos hallazgos no pertenecen directamente a la historia parroquial, sí ayudan a situar a Águilas como un territorio de enorme valor histórico dentro de la Región de Murcia.
Hoy, la Parroquia de San José continúa siendo uno de los grandes corazones espirituales de Águilas. La vitalidad de la devoción a la Virgen de los Dolores quedó de nuevo patente en 2025, con los actos del 25 aniversario de su coronación canónica, y también en 2026, con la celebración del septenario y de los cultos del Viernes de Dolores en la propia parroquia. Esa continuidad demuestra que San José no es solo un edificio histórico: es un lugar vivo, profundamente unido a la fe, a la tradición y a la identidad de todo un pueblo.
En definitiva, la historia cristiana de Águilas no debe contarse solo desde la nostalgia o desde la leyenda, sino desde una mirada equilibrada que sepa unir memoria, tradición y rigor histórico. Los primeros indicios de cristianismo en esta costa siguen invitando a la reflexión; la evolución del enclave desde Akilae hasta la Águilas moderna muestra una continuidad histórica apasionante; y la construcción de la Parroquia de San José, culminada en 1853, representa el momento en que la comunidad cristiana local dotó a su fe de un gran espacio visible, duradero y central. Por eso, hablar de San José es hablar, en buena medida, de la propia historia de Águilas.

