Confirmación

En primer lugar, es un nuevo paso hacia el camino cristiano, un nuevo paso que confirma lo que hemos recibido en el Bautismo; nos une más plenamente a Dios, nos hace vivir más a fondo su vida y hace falta nuestra respuesta. En segundo lugar, se nos da el Espíritu Santo, para que nos llene del todo y nos haga semejantes a Jesús. En tercer lugar, nos incorpora más plenamente en la Iglesia (esto se visualiza en el hecho de que el ministro de este sacramento es el obispo) y en cuarto lugar, nos envía a ser testigos de Jesucristo y a llevar a todos su Buena Nueva, es decir, nos lleva a dar testimonio de nuestra fe.
Querer recibir la confirmación y prepararse para ello es, por tanto, una forma importante de desear consolidar, hacer más fuerte, el camino iniciado por el Bautismo. Y de hecho, el don de Dios que recibimos al ser confirmados, tiene precisamente este objetivo: que, de verdad, seamos más profunda y auténticamente cristianos, seguidores y testigos de Jesucristo.
