La noche del 28 de agosto parecía ser una noche estival más en el cálido pueblo de Águilas. Pero todo fue diferente. A las 22 h. cerca de 400 personas nos dimos cita a la orilla del mar para vivir un momento de Adoración Eucarística. La misma luna, con toda su fuerza quiso también, ponerse a los pies de Jesús.
“Sálvanos, Señor, que nos hundimos”, fue el grito que escuchamos, narrado por el Evangelista San Mateo, cuando los discípulos iban con Jesús en la barca y se levanta una tempestad. Así puede ocurrir muchas veces en nuestra vida, tempestades tan intensas que parece que nos vamos a hundir.
Escuchamos el testimonio de Nano que, montado en la barca de la vida, también experimentó en su existencia la tempestad y a la vez la paz que trae Jesús resucitado.
Los cantos, el silencio, la oración profunda…. hicieron posible una noche de adoración y alabanza que nos pone en camino para estar cerca de los que experimentan las tormentas interiores cotidianas en sus propias vidas.











