Querido cristiano/a de San José:
Jesús pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos (Cf. Mt 28. 19-20; Hch 10,38). Dios se ocupa de quienes más lo necesitan, de los más olvidados y pobres. Por eso, cualquier acción de la Iglesia debe tener siempre una dimensión evangelizadora. Cuando en nuestra parroquia se practica la Caridad, se está hablando del Dios bueno y misericordioso. Necesitamos redescubrir en la Caridad el eje transversal de toda la pastoral misionera de nuestra parroquia en nuestro pueblo de Águilas. San Juan Pablo II llamaba a la Caridad «el corazón de toda auténtica evangelización». La presencia de la Iglesia en la sociedad no puede desligarse de la práctica de la Caridad como obligación evangelizadora. Compartiendo el «Evangelio de la Caridad», podemos aportar nueva savia a la sociedad, desde los valores de la Caridad fraterna y de la caridad social. Esta es nuestra mejor aportación a la «civilización del amor». Los cristianos sabemos cómo y por qué el anuncio del evangelio es la primera forma de Caridad, pero estamos convencidos de que sin una evangelización realizada a través de la Caridad, el anuncio del evangelio corre el riesgo de no ser comprendido. Más importante incluso que las mismas campañas y proyectos pastorales de nuestra parroquia, es el esfuerzo realizado por Caritas para hacernos ver a los necesitados, no sólo como personas dignas de ayuda, sino como a hermanos nuestros.
El amor cristiano no puede ser menos que universal. Allí, donde hay un hombre necesitado, debe estar presente la Caridad, el amor, la ayuda eficaz. La Caridad supera todas las fronteras, pues el hambre, la carencia de los bienes indispensables para poder subsistir, no tiene color en la piel, ni país de origen, ni geografía distante o cercana. El amor siempre hace presente lo que está lejos y allana cualquier diferencia. Si queremos ser evangelizadores, testigos de Cristo en nuestro pueblo, seamos evangelio vivo del amor de Dios con todos y para todos. ..